PREÁMBULO (primera parte)
No hay historias corrientes, porque la gente corriente no existe: cada uno de nosotros es un ser único e irrepetible. Tampoco hay dos matrimonios iguales, a pesar de la rigidez de la institución matrimonial: al fin y al cabo se trata de dos personas que conviven y comparten por amor todo aquello que, de otra forma, sería exclusivo. Un individuo se enamora de otro y —si es correspondido— decide abandonar el clan familiar del que formaba parte y crear otro: a partir de ese nexo de unión, de ese enamoramiento, sentirá que la vida se le hace más placentera junto a la persona elegida. En principio podría parecer que la motivación es la misma en todos los casos, pero en realidad ésa es una norma demasiado general, que no tiene en cuenta la infinita variedad de caracteres, las distintas formas de enfrentarse, tanto a las obligaciones —la mayoría autoimpuestas— que conlleva el matrimonio, como a los modos personales de expresión de los sentimientos. Es una ecuación con ...







Comentarios