Entradas

SUMARIO DE PEDRO Y VILMA

Imagen
PREÁMBULO (primera parte) PREÁMBULO (segunda parte) CAPÍTULO UNO  I. EL DOCTOR ENCINAS CAPÍTULO UNO  II. PEDRO RÉPILA CAPÍTULO UNO  III. VILMA LÓPEZ CAPÍTULO UNO  IV. LOS MOTIVOS (O NO) DE LA CONSULTA CAPÍTULO UNO  V. VILMA AL ATAQUE CAPÍTULO UNO  VI. PEDRO SE PIERDE DE NUEVO CAPÍTULO UNO  VII. VILMA EXPONE SUS QUEJAS CAPÍTULO UNO  VIII. ACABA LA PRIMERA SESIÓN CAPÍTULO DOS  I. SEGUNDA VISITA CAPÍTULO DOS  II. PEDRO NO ENTIENDE NADA CAPÍTULO DOS  III. TURNO DE VILMA CAPÍTULO DOS  IV. PEDRO SE PONE NERVIOSO CAPÍTULO DOS  V. TROPEZONES CAPÍTULO DOS  VI. RECORDANDO CAPÍTULO DOS  VII. CARLOTA, LA INDISCRETA CAPÍTULO TRES  I. ZAFARRANCHO DE COMBATE CAPÍTULO TRES  II. CONSULTA A DOMICILIO CAPÍTULO TRES  III. PABLO, EL REY DE LA CASA CAPÍTULO TRES  IV. CARLOTA NO ERA TAN TONTA CAPÍTULO TRES...

EPÍLOGO

Imagen
Las vidas del historiador y el siquiatra y sus respectivas esposas no tienen nada de especial. Se trata de las vidas de dos parejas que se quieren, como tantas otras. No tenemos constancia —es decir, no hemos llegado más allá en nuestro pensamiento— de que hayan continuado juntos Pedro y Vilma, y Carlota y el doctor Encinas: tal vez han cambiado sus rumbos, o tal vez no. ¿Quién sabe? Sólo podemos imaginar al doctor Encinas pasando su consulta sin ayuda y a Carlota ejerciendo de enfermera en un gran hospital. Y también a Pedro leyendo una ponencia ante un público numeroso y entusiasta, entre el que —tal vez— se puede ver a Vilma en primera fila, tomando notas muy aplicadamente con vistas a su tesina. En cualquier caso, son sólo dos ejemplos de lo que puede ser un matrimonio. Pero hay más, muchos más. Y de ello se ha ocupado ampliamente la literatura desde que existe, de modo magistral en algún caso. Nosotros sólo hemos querido hacer un divertimento , una historia con final fel...

CAPÍTULO CINCO. VI. LOS QUE NUNCA SE FUERON

Imagen
—Esta prueba ha sido muy dura para nosotros. Nos hemos dicho cosas que nunca habíamos pensado decir. Carlota y yo hemos abierto nuestros corazones y nuestras mentes y comprobado que vivíamos un engaño mutuo que no hubiera tenido lugar si nos hubiéramos desnudado, en el mejor sentido de la palabra, mucho antes. Esto dice poco en favor de mi profesionalidad. Y espero de vosotros toda la comprensión y el buen hacer de dos personas (tres, si contamos a Sonia) en cuanto a la confidencialidad de todo lo sucedido estos días. He aprendido mucho de vosotros, todos mis clientes, en realidad, me han aportado siempre algo: en vuestro caso, mucho, y me habéis proporcionado un punto de vista más humano a la hora de juzgar a quienes llegan a mi consulta como pacientes. Y, ni qué decir tiene, que no os pasaré minuta alguna de estas sesiones: en todo caso, deberíais cobrarme a mí . —Deja ya de decir tonterías—. Carlota ha disparado sus palabras con una energía sorprendente , de modo que todos se ...

CAPÍTULO CINCO. V. LOS QUE REGRESAN

Imagen
A Pedro le gusta conducir. Sobre todo cuando está contento. Y es evidente que ahora lo está, porque canturrea con su voz de falsete más chillona, para disgusto de Vilma: no entiende porqué canta con esa voz chirriante, si cuando habla —sobre todo si lo hace en público— tiene una voz agradable y perfectamente modulada. —¡Deja ya de cantar, Pedro, que vas a desatar una tormenta con esos gritos aullantes! Debes reservar tu voz, porque hoy va a ser un día de mucho hablar, de explicaciones claras y precisas. Te estás destrozando la garganta y con ello me dejas a mí la responsabilidad de darlas sola. —¿Por qué tú nunca cantas, Vilma? , pregunta Pedro con franca extrañeza. —Por respeto a los posibles oyentes. Dispongo de una buena voz, pero no tengo oído musical, ni sentido del ritmo. Al contrario que tú —se ríe Vilma—, no disfruto martirizando a los demás. Así que cállate, que ya estamos llegando a casa, y ya sabes que los niños no soportan tus berridos. Sonia aparece en la ...

CAPÍTULO CINCO. IV. CONVERSACIÓN EN LA COCINA

Imagen
Laura mordisquea pensativa un trozo de su pizza bajo la mirada inquisitiva de Sonia. Cuando se percata de la observación a la que está siendo sometida, deja en el plato la porción a medio consumir y hace ademán de levantarse, un movimiento que la mano de Sonia sobre su brazo interrumpe. —No te vayas tú también, Laura: no me gusta comer sola. Además, necesito alguien con quien hablar sobre todo este embrollo. ¿Qué te hace a ti estar tan segura de que no se van a separar? —Oh, vaya, otra que tal. ¿No te das cuenta de que estos tortolitos sólo buscan pelea para después poder reconciliarse? ¿Soy yo la única que no está ciega en esta casa? Papá y mamá han jugado a eso todo el tiempo, son como el ratón y el gato: disfrutan tanto de las carreritas que ninguno quiere acabar con ellas. Sí, puede que ahora se haya complicado un poco el asunto, pero creo que eso se debe a que mamá está en esa edad en la que se tienen problemas hormonales y todo ese rollo. Y papá es un alma cándida, h...

CAPÍTULO CINCO. III. DESPERTAR EN UN BELLO SUEÑO

Imagen
Una rendija en la cortina que cubre la puerta del balcón —que da a una calle ruidosa y muy transitada, a pesar de ser sábado— envía un puñetero rayo de sol directamente sobre los ojos de Pedro. Hace un rato que lo está notando, pero la profundidad de su sueño le ha evitado abrirlos. Hasta ahora, que abre uno muy despacio —como si sus pestañas estuvieran enredadas— y lo vuelve a cerrar, con un quejido. Entonces nota el rebullir de Vilma en la cama y su mente se queda atascada entre dos posibles realidades: ¿están en casa? ¿No estaban en un hotel, posiblemente en dos? No, ésta no es su casa, allí la luz del día no llega directamente a sus ojos, sino que se refleja en el espejo del tocador de Vilma, colocado frente a la ventana, la cama desplazada hacia el rincón, precisamente para evitar estos despertares inoportunos. Para no seguir elucubrando, se incorpora ligeramente y echa un vistazo alrededor. Definitivamente, es una habitación de hotel y Vilma duerme plácidamente a su lado, la ...

CAPÍTULO CINCO. II. ¡VILMA, ÁBREME LA PUERTA!

Imagen
Pedro mira la punta incandescente del cigarrillo sin poder dar crédito a lo que le está sucediendo. No sólo ha vuelto a fumar, después de tantos años de haberlo dejado, sino que está empezando a sufrir alucinaciones. ¿Pues no le ha parecido ver el rostro amado de Vilma , dos balcones arriba y a la izquierda del suyo? Vuelve a mirar en esa dirección y sorprende apenas un movimiento de retroceso de la mujer que ha entrevisto. Realmente era una mujer envuelta en una bata blanca y con una toalla arrollada a la cabeza, como recién salida del baño. Vilma acostumbra a hacerlo, lo de envolverse el pelo en la toalla antes de secárselo. Una extraña desazón se instala en su interior: a estas horas de la noche debería estar en su cama, pegado al cuerpo de su mujer, única forma en la que puede conciliar el sueño. De hecho, cuando ella no le acompaña en sus viajes él no consigue dormir una noche entera. Esta noche no va a ser diferente, tampoco dormirá. Y la sospecha de que pueda ser ella la aparic...

CAPÍTULO CINCO. I. EN LA ARDIENTE OSCURIDAD

Imagen
Cuando Vilma sube esa noche a la habitación, apenas deja las maletas y se abalanza sobre el teléfono para llamar a casa . Sonia descuelga al primer timbrazo lanzando un desabrido: ¿ otra vez ?, que la deja —a ella, la que no calla ni debajo del agua— sin palabras. Ante el silencio del aparato, la mujer comprende que no se trata de Pedro llamando por enésima vez.  —Dime Vilma. ¿Estás bien? —le dice, con un tono arrepentido en la voz. —Sí. ¿Pero a qué ha venido ese grito desaforado? ¿Ocurre algo malo? ¿Les ha pasado algo a mis hijos? —responde Vilma, con la ansiedad reflejada en su sarta de preguntas. —No, tranquila. No pasa nada. Salvo que Pedro ha llamado, por lo menos, siete veces. Ni que yo fuera una canguro novata. ¡Pero qué obsesivo es este hombre! ¿Cómo lo aguantas? —No sigas por ahí, Sonia. Es un padre amantísimo y preocupado por su familia, como debe ser. No puedes achacarle sus excesos sin acusarme a mí de despreocupada, aunque sea por contraste. Pero sí lo...

CAPÍTULO CUATRO. V. ¡HAY TANTO EN QUE PENSAR!

Imagen
La visita al ginecólogo ha complicado el día de Vilma. Ya es difícil encontrar aparcamiento próximo a la tienda cuando llega temprano, después de dejar a los niños. Pero a estas horas es, definitivamente, tarea imposible: ha dado tres vueltas infructuosas, no hay ni el más mínimo resquicio y no puede seguir perdiendo el tiempo buscando, aunque sabe que Lola está atendiendo bien el negocio . Por fin le llega, como un relámpago, la solución. El hotel donde ha reservado alojamiento está bastante cerca y allí habrá, a buen seguro, parking para los clientes. ¿Cómo no se le había ocurrido? Una vez asegurado el coche, deja la maleta en consigna: no es cuestión de ir paseándola por Madrid, como una ocasional turista. Camina presurosa las cuatro manzanas que la separan de su pequeña tienda, en apenas diez minutos durante los que sólo tiene que prestar atención a un par de semáforos y un paso de cebra que cruza sin mirar, con la seguridad que le otorga un camino inscrito en la memoria cot...