CAPÍTULO DOS. VI. RECORDANDO

Pedro cae en la cuenta del lugar donde están Vilma y él, de la presencia cercana, profesional pero incómoda e incomodada del doctor Encinas. Cae en la cuenta y literalmente del sofá donde ya no hay nadie, pues con él va al suelo el cuerpo menudo de su mujer, el cuerpo de menuda mujer, se dirá. Sí, el de ella y el de él, que no sabe si incorporarse y ayudar a Vilma o si permanecer en el suelo para que la escena acabe por tener la apariencia de un auténtico gag de comedia-comedia.

Y le viene entonces a la memoria la primera vez que hicieron el amor Vilma y él. La primera vez que practicamossssexo, así con varias eses, como le gusta decir a ella cuando los dos deciden casi sin mirarse llegar al abrazo y al sudor común, elástico. Duda un instante si contarlo en público, en voz alta, porque él sí se lo está relatando a sí mismo, más bien lo está viendo en su cerebro cinematográfico con delectación y rigurosidad, la rigurosidad de la piel enferma de deseo. Estaban en una fiesta y ya eran novietes, bueno ya salían juntos, eran novios, se habían besado y eso, pero aún no habían disfrutado de sus cuerpos, al menos tal y como él lo recuerda no se habían desnudado completamente el uno junto al otro. Y, de pronto, se escucha a sí mismo hablando en el saloncito del doctor Encinas…

—El caso es que a lo mejor es el momento de hablar de sexo. De nuestro sexo. Quiero decir… de hablar de nuestra manera de hacer sexo, de practicarlo.

No espera Pedro el asentimiento del siquiatra, un asentimiento que obtiene no obstante, cuando ya se embala:


—Ella se mostraba como se decía entonces receptiva y yo torpe, envarado por el deseo que me atropellaba y por las dificultades técnicas de llegar cuanto antes a no sabía muy bien dónde. Y la puerta del dormitorio donde nos habíamos encerrado estaba estropeada y había quedado abierta, entornada y dispuesta a fastidiarnos nuestra fiesta particular. Y, bueno… lo gracioso es como lo cuenta ella, Manuel, aunque he de decir, para acabar, que yo creo recordar que ya me había corrido cuando todo empezó, cuando todo acabó… Vilma, por favor, no te rías.

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